Estimulación psicomotriz para niños con autismo

En la intervención psicomotriz siempre se pretende potenciar al máximo las posibilidades del niño para que pueda obtener una mejor integración al mundo que le rodea. En esta ocasión, la estimulación psicomotriz cobra interés en el contexto del Espectro Autista. Comenzaré explicando que la psicomotricidad vivenciada se trata de una práctica corporal de movimiento, la cual permite al niño expresar qué desea y, a partir de ello, organizar su actividad en un espacio donde va a tener la posibilidad de moverse y vivir sus emociones y conflictos en interacción con el medio. Dicha especialidad se ocupará del crecimiento intelectual, motor, social y afectivo del niño. En conclusión, la Psicomotricidad se trata de una técnica que parte del cuerpo y sus acciones, como vía de expresión no verbal para lograr un pensamiento lógico. Se trabajan las dificultades e impedimentos que no permiten el desarrollo armónico de la persona.

Para realizar una correcta intervención es necesario basarse en la observación de conductas, tales como: expresión visual, postura, desplazamientos, comportamiento motor, entre otros. Y se debe considerar con detalle cada caso con sus particularidades y características individuales. El objetivo primordial de esta intervención o estimulación es promover la comunicación, expresión y creación por medio del cuerpo y el movimiento, que el niño conozca su cuerpo y sus posibilidades de acción y aprenda a respetar las diferencias, adquiera progresivamente autonomía en sus actividades habituales y desarrolle sus capacidades afectivas. Asimismo, que se relacione con los demás (de la manera más accesible) y adquiera progresivamente pautas elementales de convivencia y relación social.

Las alteraciones motoras en personas con autismo más comunes son: tono general corporal alto (hipertonía) o bajo (hipotonía), conductas estereotipadas y conductas autolesivas (la alteración más dramática que pueden presentar los niños que se encuentran dentro del espectro autista). Es importante atender al comportamiento psicomotor para poder llegar a realizar buenas intervenciones. De ahí la importancia que adquiere la simbología de la acción que se puede observar a través de los juegos.

Asimismo, se le deben brindar oportunidades al niño de conocer la postura correcta de su cuerpo y sus límites corporales; experimentar en el espacio conllevará a una mejor organización espacial, estimular a realizar diferentes movimientos con la finalidad de que mejore su coordinación general y realizar actividades de intervención que promuevan la gestualidad, importante para la comunicación.

Bibliografía:

Psicopraxis (2008) “Experto en Psicomotricidad Terapéutica” – Deficiencias visuales. España: Madrid
Penagos y Gibaja (2007) “Proyecto: Nos Movemos” España: Madrid

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