INTERVENCIÓN PSICOMOTRIZ VIVENCIADA PARA LA PREVENCIÓN DEL RIESGO SOCIAL

INTERVENCIÓN PSICOMOTRIZ VIVENCIADA PARA LA PREVENCIÓN DEL RIESGO SOCIAL

Conclusiones recogidas del archivo adjunto:

El estudio que se presenta ofrece un modelo de actuación psicomotriz orientado a la prevención del riesgo social en la infancia. Este estudio considera la interacción social entre el grupo de iguales como la dinámica adecuada para desarrollar el proceso de socialización del niño en un contexto educativo y significativo como es la sala de psicomotricidad.

Si nos referimos al primer grupo, que corresponde al tipo de actividad que han desarrollado durante la sesión, se constata que los cuatro sujetos han podido experimentar diferentes situaciones relacionadas con la actividad sensoriomotora y simbólica, gestionando ellos mismos la propia actividad. También se hace evidente en el proceso cómo dichos sujetos han progresado de manera paralela, puesto que se han iniciado únicamente en la actividad sensoriomotora para, posteriormente, adentrarse en la actividad simbólica. Como colofón, los cuatro sujetos han llegado a combinar los dos tipos de actividades en una misma sesión. De acuerdo con los parámetros constructivistas tal circunstancia permite a los cuatro sujetos realizar un proceso de enseñanza-aprendizaje a partir de sus motivaciones e intereses, circunstancia íntimamente vinculada al proceso de autoaprendizaje (Aucouturier, Darrault, Empinet, 1985). Teniendo en cuenta el punto de partida que mostraban los sujetos al inicio de la investigación –únicamente practicaban actividad sensoriomotora-, se comprueba la eficacia del modelo presentado y puede vincularse significativamente a la prevención del riesgo social y a la mejora de su calidad de vida puesto que, el modelo facilita que los sujetos avancen en su proceso de desarrollo y evolucionen en los diferentes estadios del desarrollo psicomotor infantil. Tales circunstancias les proporcionan un incremente de su autonomía personal y una introducción al mundo social (Arnaiz, 2000; Botín, 2000; Coll, 1991; Franc, 2002; Vigostky, 1998) entre otros.

Si hemos podido observar que en el tipo de actividad que se desarrolla, los cuatro sujetos han seguido un proceso paralelo, también sucede lo mismo cuando nos referimos al material que utilizan los niños para desplegar su discurso en las diferentes actividades. En este sentido, hemos podido observar como los 4 sujetos se inician en el proceso manifestando una falta absoluta de respeto hacia el material en la actividad sensoriomotora para, posteriormente adoptar una actitud respetuosa hacia él. De la misma manera, tratan con respeto el material en la actividad simbólica, circunstancia que nos lleva a considerar el grado de implicación entre el sujeto, la actividad realizada y el material empleado para el discurso simbólico. Así, es fácil comprender que, en una actividad donde se prima el placer corporal como es el caso de la actividad sensoriomotora, los niños tiendan a experimentar con diferentes materiales de formas diversas, lanzando piezas, pisando colchonetas y manipulando con gran intensidad el material de que disponen. En cambio, en una actividad dedicada a expresar sentimientos, emociones, vivencias, y donde el material se utiliza para dar vida a diferentes roles, como es el caso de la actividad simbólica, también es fácil comprender la íntima relación que se establece entre el practicante y el material, por lo que este último, generalmente, siempre se trata con respeto.

De la misma forma hemos podido constatar la relación que se establece entre el tipo de material utilizado y el respeto hacia él. En este sentido, a medida que los sujetos priorizan el material blando en detrimento del material duro se constata una tendencia a utilizar con respeto el material y a regularizar su cantidad por lo que el modelo de intervención psicomotriz para la prevención del riesgo social se reconoce como válido para optimizar la racionalización de las acciones que desarrollan los sujetos, acciones que progresivamente van adquiriendo eficacia: se define la acción, se emplea el material necesario y se acompaña de una actitud respetuosa (Aucouturier, Darrault, Empinet, 1985). Se comprueba, pues, que el modelo presentado favorece el desarrollo de acciones saludables que van a permitir a los sujetos adoptar actitudes responsables en el contexto psicosocial en el que interactúa, mejorando su calidad de vida y potenciando situaciones que previenen el riesgo social.

Si nos detenemos ahora en el grupo de análisis que incluye todas aquellas categorías que hacen referencia a las relaciones que establecen los niños durante la sesión de psicomotricidad vivenciada, puede observarse como se vuelven a repetir los mismos parámetros que en las categorías anteriores. Hemos podido observar cómo, las características comunes en este grupo de categorías pasan por: iniciarse en el juego individual para, progresivamente, introducirse en el juego colectivo. También se observa un paralelismo en la evolución de los sujetos cuando nos referimos a la cordialidad que impregna sus relaciones. Así, se constata el paso desde la agresividad y la indiferencia hacia la cordialidad, de la misma manera como se observa una clara tendencia hacia la búsqueda de protagonismo. Igualmente se observa una clara tendencia a consolidar el grupo de relación en ambos tipos de actividades, por lo que se define una evolución que se inicia en la alternancia de diferentes individuos para jugar y tiende hacia la consolidación de un grupo que acostumbra a ser el mismo y además, reducido.

Todo ello nos lleva a pensar en un proceso de socialización entre el grupo de iguales a través del juego. De esta manera, el niño encuentra en la interacción los argumentos individuales y grupales que necesita para relacionarse con el grupo, o lo que es lo mismo, puede construir su yo personal y social (Buxarais y otros, 1009; Perelló, 1991; Puente, 1998; Wilson, 2000) y, en este sentido, mediante el juego y la motricidad, el sujeto que practica en la sala de psicomotricidad se adentra en el proceso de socialización (Murcia y Jaramillo, 2003).

Si nos referimos ahora a las diferentes categorías relacionadas con el espacio que ocupan los sujetos para desarrollar su discurso en las distintas actividades, hemos podido observar como los cuatro sujetos tienden hacia el recorrido general cuando realizan actividad sensoriomotora y a un espacio pequeño en la actividad simbólica. En este sentido, el modelo que presentamos proporciona a sus practicantes un lugar apto y seguro en el que representar su mundo interior y plasmar sus inquietudes, aspectos todos ellos necesarios para la correcta evolución del proceso de desarrollo psicomotor infantil y para el equilibrio bio-psico-social (Chockler, 1998; Arnaiz, 2000).

Al examinar la categoría que se refiere a la manera como los niños introducen las normas para jugar, se constata, al inicio de la investigación, la gran dificultad de los cuatro sujetos para introducirlas en el contexto de juego. No obstante, se aprecia una tendencia a introducir normas, tendencia que se inicia a partir de la intervención de la profesora-investigadora y que tiende a introducirse, poco a poco sin su intervención. En este sentido, el modelo que presentamos incide en el proceso de socialización favoreciendo acciones que conllevan la elaboración e implementación de normas libremente aceptadas y respetadas que permiten a los sujetos vivir y convivir en su contexto psicosocial (Franc, 2002).

Documento

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