Nueva entrevista a Bernard Aucouturier (a través de revistadepsicomotricidad.com)

Bernard Aucouturier constituye una referencia para todo psicomotricista y, como solo unos pocos, merece el trato de “maestro” en esta profesión. Su larga trayectoria profesional está llena de generosas aportaciones, bien sea desde su propia Escuela, en sus apariciones en seminarios y congresos, o en multitud de documentos escritos.
El psicomotricista francés viajó recientemente a varios países de Latinoamérica, Brasil y Argentina entre otros. En una entrevista que cedió a www.revistadepsicomotricidad.com en Buenos Aires, Bernard Aucouturier reflexionó y relató sus ideas sobre Educación, Infancia y Psicomotricidad.
En un momento inicial, cuando se le preguntó acerca del “el niño terrible en la escuela” (en alusión a su último libro) comenzó afirmando que lo original de la infancia es el juego, y que es muy reasegurante ver a un niño  jugar,  porque es su manera de decirse profundamente y su forma de entrar en relación con el mundo exterior.
Según sus palabras no es lo mismo hablar de “un niño difícil en la escuela” y  de “un niño difícil y la escuela”, destacando alguna diferencia:
El niño o niña difícil en la escuela, según Aucouturier, es un niño o niña que está en dificultad con relación a la escuela. Acá, el psicomotricista se plantea el problema de la institución escolar en función de:
·        Las relaciones con los docentes y las docentes.
·        La Pedagogía
·        Los contenidos
Dice Aucouturier que las esferas de lo escolar son opuestas de este niño, ya que no tiene ni la disponibilidad, la facilidad, ni el placer, de adaptarse a ella. La Pedagogía es tan rígida que puede provocar que se vean en dificultades en la escuela.
Por otro lado, Aucouturier habla del niño o niña que es difícil y la escuela. Es decir,  que también lo es en el ámbito escolar, en el mundo exterior y para la familia. Como ya se mencionó, en su último libro usa el término “Terrible” (nominación que es usada por los docentes)  para poder reflexionar sobre los problemas de comportamiento y aprendizaje de  ciertos niños que “se salen de la norma”, cuya  convivencia en el marco escolar es extremadamente complicada y presentan  actitudes de negación y oposición, llegando a poner “fuera de sí” a los maestros.
El  niño  se transforma en alumno.
Resultó interesante que Bernard Aucouturier  diera cuenta de que la condición de “ser alumno” es una construcción social donde es necesario pensar las condiciones que son necesarias para que un niño   pase   a un estado de alumno. Para ello hace falta un recorrido de maduración psicológica y que pueda distanciarse de su subjetividad. Descentrarse, para acceder a la percepción de relaciones más objetivas del mundo exterior. El pasaje de la subjetividad a una cierta objetividad, que le va a permitir al niño tener una mirada más racional y más objetiva sobre el mundo exterior. Ese   largo recorrido de maduración debe ser ayudado por la familia y también por los  docentes.
Se trata de que el niño pueda acceder a una distancia con respecto a su propia historia y a su subjetividad. Pero lo que ocurre frecuentemente con los docentes en las escuelas, es que respetan muy poco la subjetividad, y “bombardean” a los niños con actividades cognitivas cuando no están listos. Estas actividades escolares suponen una descentración tónico emocional, o sea, una puesta entre paréntesis de su intensidad emocional para que pueda acceder al conocimiento.  Para ayudar al niño   a poner entre paréntesis sus emociones, es necesario darle un lugar para que él pueda manifestar sus emociones a través de aquello que es del orden de lo simbólico. Y esto no se tiene en cuenta en la escuela.
Cuando habla del ingreso a la escolaridad, a la escuela maternal, el psicomotricista habla de condiciones esenciales, como respetar al niño  para que pueda vivir experiencias de descubrimiento, creación y actuar libremente. En un encuadre de seguridad  dado por el espacio pero también por las personas, una seguridad material, relacional y afectiva para que niño pueda también jugar. Sabiendo que el juego es un proceso de reaseguramiento profundo. Es la simbolización de una historia,  o sea, simboliza la subjetividad del infante. Esto le permite sentirse seguro para luego estar disponible para los aprendizajes escolares. La seguridad es fundamental para acceder a la actividad y al aprendizaje escolar.
Cuando se le preguntó qué sucede con el cuerpo del niño en el ingreso escolar, Aucouturier manifestó que en ese momento todo depende de si anteriormente estuvo con su familia o fue a la guardería previamente. En este ingreso es fundamental que las educadoras   de la guardería o jardín maternal puedan ajustarse a las posibilidades de los niños y no apurar nada en su actividad, porque deben sentirse, fundamentalmente antes de los tres años, en seguridad. Por otro lado, debería existir una continuidad con el segundo ciclo del nivel inicial, no sólo a nivel lógico respecto a la calidad en la relación sino también en la calidad de los intercambios.
Hay un factor muy importante que es la calidad de los cuidados que se les ofrecen a los pequeños, que le permitirán sentirse seguros. Cuando una persona cuida a un niño, no debe invadirlo, tiene que compartir los cuidados con los niños y a su vez dejar que puedan actuar sobre la persona que lo está educando. La calidad de los cuidados implica un intercambio permanente con la docente,  le permite a los niños  apropiarse de la calidad tónica, afectiva y vocal, que recibe del otro a través de estos intercambios corporales. En ello está implicada la base de la seguridad.
El niño se siente seguro porque tiene la seguridad del otro en sí. Y esto es condición esencial para vivir al educador de un modo cálido a través de la ternura.
El intercambio es la base de la ternura y es un dialogo tónico emocional vivido a través de las interacciones en el cuidado compartido. Así le podemos dar a los pequeños la posibilidad de abrirse al mundo de actuar en el espacio en relación a la historia de sus intercambios porque cuando están presente los cuidados hay una atenuación de la agresividad y de la pulsionalidad. Ahí hay continencia y  está en función del intercambio.
Ante la cuestión planteada sobre la recepción de los niños en el inicio de su escolaridad, plantea que el clima que puede ser vivido con tensión por los docentes debido a la angustia del niño, Aucouturier explica que los docentes no están suficientemente formados en esta posibilidad de recibir e intercambiar con los niños. Hay poca o nula escucha para lo que viene del cuerpo del niño. Por supuesto, esta situación va a tener consecuencias negativas, ya que dará lugar a la inseguridad, que se traduce en comportamientos excesivos, descargas emocionales, agresividad, y por un rechazo al aprendizaje.
En las exigencias de la escuela actual hay muy poca comprensión acerca de qué es un niño y no se tiene en cuenta que no puede haber aprendizaje sin seguridad. El psicomotricista sostiene que es por eso que hay tantas dificultades de aprendizaje en el sistema actual.
Esta reflexión le llevó a asegurar con firmeza que es necesario repensar la futura formación docente, para que puedan aprender a reflexionar sobre sí mismos y en la relación de aprendizaje con los :
“No podrá haber avances en la educación si no hay una reflexión sobre la formación de los docentes”.
Con esta frase, nos indica que la escuela tiene que cambiar en un futuro, desde la formación docente hasta la propia Pedagogía. Actualmente es el maestro el que tiene el poder y el saber, incluso en la universidad. Como ejemplo nombra al sistema educativo francés, ya que sigue funcionando igual que hace cincuenta años o más.
“Nada ha cambiado”- señala, “no se puede continuar de ese modo”
Pero, ¿cuál es la forma contrapuesta a esta situación actual? El niño tiene que ser el centro del dispositivo educativo. Es necesario darle una gran importancia a su experiencia, al descubrimiento, a la creación personal, individualizando la enseñanza.
El rol del docente debe ser el de ayudar al niño o la niña a hacer surgir sus pensamientos, sus ideas y conceptos, para que pueda progresar a nivel cultural.  O sea, partir de la subjetividad y la experiencia, ayudarlos  a estructurar el pensamiento, cambiando el paradigma del “el docente y su saber” por “el niño y su experiencia”.
Especialmente en la escuela primaria, va a haber niños y niñas que manifiesten intereses particulares por la Lengua, las Matemáticas, las Artes… En ese momento deberán acudir a las aulas los especialistas, científicos, artistas, comerciantes, con el fin de explicar los distintos cuerpos de conocimiento y sus distintos aspectos. Sabiendo que es necesario que el infante pueda aprender cosas básicas, como lectura, escritura y bases elementales de cálculo matemático.
El  docente  tiene que ser necesariamente una persona cálida en relación al niño , con una sensibilidad emocional, pero que también muestre actitudes de firmeza en ciertas ocasiones. Aucouturier cree que hace falta una actitud firme cuando se produce la transgresión de algún límite. Actitud cálida y sensibilidad emocional se conjugan con el aspecto de firmeza en determinados momentos. Asegura que, para cualquier especialista en infancia, cuanto más cálido se es con un niño o niña y más disponible se encuentra a sentir sus emociones, tendrá menos necesidad de imponer límites en el comportamiento.
La disponibilidad familiar versus la disponibilidad tecnológica.
 
El Psicomotricista, también habló de los usos de la tecnología en la infacia. Le parece que, en general, los padres y madres están cada vez menos disponibles a una relación de seguridad para con sus hijos, por diferentes razones: porque sus condiciones de vida les producen estrés, porque hacen muchas cosas en la rutina diaria y tienen muy poco tiempo para dedicarle al niño. Al no dar tiempo a sus hijos  se pueden encuentrar en una situación estresante de inseguridad, en relación a la vida familiar, en relación al aspecto social y económico de su familia. Y esto se traduce siempre en excesos a nivel corporal, sea por una inestabilidad motriz o por una inhibición de la acción.
Ante la cuestión “qué sucede con ciertos niños o niñas frágiles”, responde que son puestos delante de la televisión y objetos electrónicos mucho antes de los tres años, identificándose y apropiándose de la calidad de las sensaciones y de las acciones de los personajes de la televisión y, en consecuencia, produciéndose una despersonalización. Y entonces no son ellos en su cuerpo, en sus emociones ni en su subjetividad. Eso es grave para los niños y niñas frágiles porque se mueven en el espacio con esos gestos exactamente idénticos a sus personajes favoritos de la televisión.
Entre las acciones de los padres y madres que provocan incertidumbre en la infancia Aucouturier cita  su propia inseguridad, el mal uso de las computadoras y videojuegos, y un exceso de aprendizajes cognitivos como compensación por la falta de tiempo. Por ejemplo, hay familias que cuando el niño está libre lo ponen en tenis, inglés, teatro, fútbol… Entonces no tiene más derecho a soñar; no tiene el derecho de estar libre y no hacer nada. Está invadido. Al no tener tiempo, ni relación afectiva con sus hijos, los padres tratan de compensar  ordenándoles el máximo de actividades. Pero esto es una manera de atenuar su propia angustia. Escuchamos que los padres y madres dicen “pero nosotros hacemos un montón de cosas por ellos”. En realidad hacen “demasiado”.
El juego espontáneo: una oportunidad para la escuela del futuro.
 
Estamos en una escuela donde priman los aprendizajes de las materias escolares, pero lo propio del niño es el juego espontáneo. El psicomotricista describió algunas situaciones en las que algunos familiares le preguntan acerca de la importancia de la práctica psicomotriz: “¡mi hijo juega en la calle! ¿Y entonces para qué hacen la práctica psicomotriz?”
En general, ve como algo muy positivo que se juegue de forma libre en la calle, en una plaza, en un bosque o en la escuela; más aún si el adulto juega con ellos. Pero la práctica psicomotriz es una actividad que, aunque parte de la misma libertad y espontaneidad en el juego, se encuentra encuadrada en un espacio, en un dispositivo, una relación y con unos objetivos. Este encuadre permite al niño o la niña progresar a nivel psicológico, acceder a juegos de reaseguramiento profundo y desarrollar sus procesos de mentalización.
La mayor parte de los niños y niñas que han participado en la práctica psicomotriz durante su período en la escuela maternal, según sus observaciones, son mucho más disponibles y creativos, y también más abiertos que los que nunca tuvieron esa oportunidad. Disponibles para recibir y para crear: para recibir todo tipo de actividad y adquirir conocimientos culturales; para generar conocimiento y compartirlo con los demás. En conclusión, hace falta enseñar a los enseñantes la práctica psicomotriz, especialmente en la escuela maternal y en la guardería. La oportunidad de mejora del sistema educativo pasa por enseñar la Psicomotricidad basada en el juego libre, espontáneo.
El Niño Terrible (aludimos a su libro con total admiración y afecto) ha vuelto a dejar una huella imborrable en Latinoamérica. El equipo de www.revistadepsicomotricidad.com le desea un buen viaje de vuelta y que regrese algún día con nuevas reflexiones.

http://www.revistadepsicomotricidad.com/2013/06/el-nino-terrible-deja-la-escuela-y.html

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s