¿Cómo se puede ayudar en la inestabilidad del niño deficiente visual? ¿De qué manera el niño deficiente visual supera las fases asimilativo-acomodativas hasta alcanzar el lenguaje?

Es a través de la visión que se integra la actividad motora, perceptiva y mental del niño; es por medio de ella que se establecen relaciones de los primeros esquemas responsables de la integración de los mensajes, a través de los cuales se dan significaciones de cada uno de los sistemas (Piaget).

¿De qué manera el niño deficiente visual supera las fases asimilativo-acomodativas hasta alcanzar el lenguaje? ¿Cómo se puede ayudar en la inestabilidad del niño deficiente visual? ¿Cómo se puede mejorar el equilibrio y el conocimiento del cuerpo?

La Terapia Psicomotora puede resolver estos problemas siempre que se tomen las medidas necesarias. Reconocemos que el niño deficiente visual tiene una mala adaptación sensorio-motora, presenta varias dispraxias asociadas a paratonías y a comportamientos de ansiedad y seguridad que se hallan condicionados más allá de la autonomía y de su exploración espacial.

La Terapia Psicomotora recapitula una serie de vivencias que progresivamente establecen la conquista de la asimilación sensorio-motora e ideo-motora, el conocimiento corporal, la organización del espacio y posteriormente la del tiempo.

Con los problemas de deficiencia visual están relacionados factores psicomotores, que provocan desarmonías de comportamiento, normalmente aumentados por una superprotección familiar que empeora la relacion con el mundo que le envuelve.

El niño deficiente visual presenta señales de ansiedad, aislamiento, pérdidad de iniciativa, ausencia de aptitudes para el aprendizaje y oposición; caracteristicas que no se pueden dejar de atender y de considerar, ya que interesa a partir de su dependencia hacia una conquista progresiva de autonomía, mediante una atmósfera segura y liberadora, concretizada en un proyecto de relación. Sólo en un ambiente con estas características se puede verificar una desaparición del cuadro al que el niño deficiente visual se encuentra normalmente ligado. La relación constructiva que se crea tiene que romper la fabulación perniciosa en que el niño vive y tiene que trasponer al plano práctico sesiones de movimiento que garantizarán progresivamente el descubrimiento del espacio y el redescrubrimiento del cuerpo, recurriendo a actividades tacto-cinestésicas y sonoro-motoras que incluso faciliten la discriminación sensorial, sin la cual el niño deficiente visual puede orientarse.

La Terapia Psicomotora puede intervenir valorizando sensaciones cino-táctiles y tacto-cinestésicas que permitirán mejores preciosiones espaciales y representaciones gestuales más convenientes, para así proporcionar una interiorización del movimiento más ajustada y coherente, garantizándose simultáneamente la noción básica de oposición al mundo y la toma de consciencia del yo.

 

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